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Esta é a vida eterna: que te conheçam, o único Elohim verdadeiro, e a Yeshua o Messias, a quem enviaste. JOÃO 17:3
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El Shema – Oye Oh Israel

El Shema – Oye Oh Israel

por Allon Maxwell

“Oye, Oh Israel: El Señor nuestro Dios es un Señor; y debes amar al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza” (Marcos 12:29 y Deuteronomio 6:4-5). Jesús citó este mandamiento de Deuteronomio 6:4-5. Cuando hizo así, había sido ya, por 1500 años, el punto de partida no negociable para el reconocimiento de la personalidad del Dios de Israel. Y ningún judío familiarizado con el Antiguo testamento habría creído alguna vez que UNO quiso decir más que el número cardinal simple — “UNO”. Sobre todo, no había ningún reconocimiento en absoluto en la fe judía en la cual Jesús nació, de invenciones humanas posteriores como “Trinidad” o “unidad compuesta” o “uni-pluralidad”.

 En efecto, es difícil evitar la conclusión que, ya que estos conceptos no son bíblicos, deben resultar en el fracaso fundamental de obedecer correctamente el mandamiento de “¡Oír! ” Si Jesús dice que este mandamiento es el más importante de todos, merece nuestra atención plena. Lo debemos estudiar píamente hasta que acertemos en ello. Es bastante importante memorizarlo. Y es bastante importante enseñarlo a nuestros hijos — diligentemente — hasta que se fije en sus corazones tan firmemente como está en el nuestro (Deuteronomio 6:7). Note con cuidado que este mayor mandamiento de todos tiene tres partes.

La parte 1 – La primera parte del mandamiento dice “Oye”. ¿Oír qué? Simplemente prestar atención a y entender la orden de “oír”. Hay mucho en esa sola palabra “oye”. Implica del modo más fuerte posible que debemos escuchar con cuidado, diligentemente, con inteligencia, intrépidos de cualquier “consecuencia” personal de oír correctamente (como persecución o rechazo). Y sigue, por supuesto, esa apatía o descuido sobre la escucha correcta de este mandamiento de Dios o respuesta negativa de escuchar en absoluto, o la deformación deliberada y deshonesta de lo que oímos, a fin de hacer lo que decimos más “aceptable” para otros, será la barrera para nuestra obediencia al resto de ello. Diciendo que es el mayor de todos los mandamientos, Jesús lo ha hecho tan fundamental para la fe en el Dios verdadero de la Biblia que debemos asegurarnos que oímos correctamente. No nos podemos permitir estar desviados de este mayor mandamiento de todos. Jesús lo ha hecho esencial para el evangelio. Y cuando hemos oído correctamente, no debemos estar poco dispuestos a decir a otros lo que hemos oído sobre este mayor mandamiento de todos. Si es tan importante para Jesús, no deberíamos esconder esta luz dada por Dios menos debajo de un búshel (Mateo 5:15) para el motivo indigno de hacer un “camino más fácil” para nosotros.

La parte 2 – Oye el mandamiento que dice que Dios es (sólo) un Señor (RSV). No hay ningún otro Dios aparte del definido por Moisés. Este Dios (Yahweh, 6,728 veces en el AT) dice de Sí, “Soy el primero y el último; además de mí no hay ningún Dios” (Isa. 44:6). Y Jesús repite la misma verdad cardinal en palabras diferentes, cuando dice que su Padre es el único Dios verdadero (Juan 17:3). Así pues, cuando la gente no escucha correctamente esta segunda parte, y en cambio inventa de nuevo a Dios haciendo de él tres en uno, o una “unidad compuesta,” o alguna otra imposibilidad ilógica que requiere que nosotros tiremos nuestras mentes, la conclusión inevitable consiste en que, por cualesquier motivo (a través de la ignorancia o a través de la ilusión), caigamos en la desobediencia al mayor mandamiento de todos. Sólo cuando hemos captado con inteligencia el hecho que Dios es “un Señor” vamos a ser capaces de “graduarnos” a la Parte 3, y realmente amar a Dios como deberíamos.

 La parte 3 – Oye el mandamiento que nos dice amar a Dios con todo nuestro ser. Esto es el objetivo último de este mayor mandamiento de todos. Las dos primeras partes son “escalones” — requisitos previos absolutos — a nuestra respuesta a la tercera parte. Sin esa fundación, no seremos capaces de saber bastante sobre Él para conocerle personalmente para saber quién es. Y si no podemos hacer esto, no seremos capaces de amarle bastante dedicarnos al cuidado del resto de Sus mandamientos “menores” — con todo nuestro corazón, mente, alma y fuerza. Jesús nos dice esto en Juan 17:3 — pero con una dimensión añadida. Dice que la recepción de la Vida de la Edad Próxima en el Reino depende de conocer a su Padre como único Dios verdadero y conocer Jesús como alguien más — no el único Dios verdadero, sino el Mesías enviado por Dios. En este verso, “conocer” es una palabra más fuerte que simplemente “saber sobre” Jesús también piensa en  “conocer personalmente” — en la relación personal que existe entre un padre y sus hijos, o entre dos hermanos que también son los “mejores amigos.”

Este mayor mandamiento para saber que aquel Un Señor de Israel, que también es el Padre de Jesús, es el único Dios verdadero, se da por una buena razón. Es la fundación en la cual el amor verdadero y la obediencia pueden crecer a su plenitud (Efesios. 3:14-21). ¡Advierta aquí! Que aun si realmente lo tenemos entendido, eso no garantiza que lo haremos. Es nuestra responsabilidad de usar nuestra opción de libre albedrío de aplicar nuestro corazón, y alma, y mente, y fuerza, para amar a Dios. La ignorancia – es disipada por el conocimiento. ¡Conseguimos esto leyendo la Biblia! El engaño – sólo se puede curar quitando la causa de la ilusión. Debemos aprender tanto a amar la verdad como odiar nuestros pecados, de modo que Dios no envíe un espíritu de error (2 Tesalonicenses 2:11-12). La desobediencia – es curada por el arrepentimiento.

En este contexto en particular, significa arrepentirse de los motivos incorrectos que llevan a la supresión de la verdad, y significa la aceptación de las consecuencias de proclamar la verdad. Algunas de estas motivaciones falsas más comunes son:

MEDITACION DIARIA

Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres

 Hchs. 8:12

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