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Esta é a vida eterna: que te conheçam, o único Elohim verdadeiro, e a Yeshua o Messias, a quem enviaste. JOÃO 17:3
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LA RESTAURACIÓN FINAL DE ISRAEL

LA RESTAURACIÓN FINAL DE ISRAEL

En el Antiguo Testamento existen profecías de restauración y gloria que Dios formuló para Israel. Estas profecías estaban condicionadas a que se mantuvieran dentro de la relación compactual con Dios. Por tal razón en Deuteronomio capítulo 28 se mencionan las bendiciones de la obediencia. Veamos:

“Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios” (vers. 1,2).

La bendición estaba condicionada a la obediencia a Dios. Por tal razón el profeta afirmó lo siguiente:

“Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir. Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti. Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da. Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán” (Deuteronomio 28:6-10).

El profeta también advirtió a Israel sobre las consecuencias de la desobediencia. Veamos:

“Pero acontecerá, si no oyeres la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir todos sus mandamientos y sus estatutos que yo te intimo hoy, que vendrán sobre ti todas estas maldiciones, y te alcanzarán…Jehová te entregará derrotado delante de tus enemigos; por un camino saldrás contra ellos, y por siete caminos huirás delante de ellos; y serás vejado por todos los reinos de la tierra” (Deuteronomio 28:15,25).

La historia que relata el Antiguo Testamento es la historia de un pueblo rebelde y contradictor. Isaías escribió lo siguiente al respecto: “Porque este pueblo es rebelde, hijos mentirosos, hijos que no quisieron oír la ley de Jehová” (Isaías 30:9). El profeta Jeremías Dijo: “No obstante, este pueblo tiene corazón falso y rebelde; se apartaron y se fueron” (5:23) y también escribió lo siguiente: “ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová” (32:32).

El resultado de la desobediencia fue que el pueblo de Dios fue invadido en repetidas ocasiones por pueblos paganos que muchas veces tomaron cautivos de entre ellos.

Dios formuló promesas de restauración y gloria para su pueblo que se harían efectivas si tan solo ellos se volviesen a él. Los profetas continuamente le recordaron esas promesas al pueblo (Jeremías 25:4,5).

Al cierre del canon del Antiguo Testamento el profeta Malaquías amonestó a su pueblo y les recordó que: “Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos” (3:7). Además, el profeta les mostró como Dios iba a envíar a Elías con el objetivo de hacer “volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición” (4:6). Con esa promesa de parte de Dios cerró el canon del Antiguo Testamento.

Dios envió a Elías (Juan el bautista – Mateo 11:13,14) y no lo reconocieron (Mateo 17:22). Finalmente Dios envió a su Hijo e Israel tropezó en la piedra de tropiezo (Romanos 9:30-33).

¿Como se cumplirán entonces estas promesas de restauración y gloria hechas a Israel?

El Nuevo Testamento provee la respuesta. Veamos un ejemplo clásico de ello:

LA PROMESA:”En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus ruinas, y lo edificaré como en el tiempo pasado; para que aquellos sobre los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las naciones, dice Jehová que hace esto” (Amós 9:11,12).

EL CUMPLIMIENTO:Cuando Pablo y los maestros judaizantes subieron a Jerusalén para que el concilio decidiese su caso, Jacobo, el presidente del concilio ofreció la siguiente interpretación:

“Simón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: Después de esto volveré Y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; Y repararé sus ruinas, Y lo volveré a levantar, Para que el resto de los hombres busque al Señor, Y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado mi nombre, Dice el Señor, que hace conocer todo esto desde tiempos antiguos. Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios” (Hechos 15:14-19).

En otras palabras, estas promesas del levantamiento de Israel se cumplen en el levantamiento de la iglesia, los que son de Cristo. Por tal razón el apostol Pablo escribió lo siguiente: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa” (Gálatas 3:29).

¿Significa esto que Israel nacional fue rechazado permanentemente por Dios? En ninguna manera. El apóstol Pablo afirmó lo siguiente:

“Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres” (Romanos 11:28).

Además:

“Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?” (Romanos 11:15).

La palabra que se traduce por “exclusión en este versículo es la palabra griega ἀποβολή (apobolḗ) que según Strong significa: “rechazo, repudio, tirar de uno mismo, repudiar o una pérdida.”

Dios no se apartó de su pueblo. Ellos se apartaron de Dios y solo un pequeño remanente aceptó al salvador del mundo junto a un pequeño grupo de gentiles. De esos dos pueblos Dios hizo uno (Efesios 2:14). Ellos constituyen el nuevo Israel, la iglesia.

Cristo es el agente de atracción (Juan 12:32). Bajo el nuevo pacto la reunión es en torno a Cristo y no en torno a Jerusalén. Nuestra Jerusalén es la de arriba la cual es madre de todos (Gálatas 4:26). La iglesia es el lugar donde el Israel espiritual se reune y no se limita a una región geográfica en particular.

Oremos por Israel y oremos por el mundo, de modo que muchos puedan ser reunidos en torno a Cristo y así formar parte del verdadero Israel de Dios. Recordemos que Dios no ha desechado (ἀπωθέομαι – apōthéomai) a Israel (Romanos 11:1). Dios reinjertará a aquellos que acepten a Cristo como su salvador personal y estén dispuestos a entrar en una nueva relación compactual con él.

Por tal motivo el apóstol Pablo exprezó lo siguiente:

“Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?” (Romanos 11:23,24)

Recuerda que el apóstol también escribió lo siguiente:

“Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará” (Romanos 11:19-21).

El mensaje de la Biblia es claro al respecto.

Por Rafael Montesinos

LA RESTAURACIÓN FINAL DE ISRAEL (Segunda parte)

Los primeros trece versículos del capítulo diez de la epístola a los Romanos muestran la razón del tropiezo de Israel y el camino que Israel deberá seguir de manera que puedan ser reinjertados en el olivo.

El apóstol Pablo dice que el anhelo de su corazón y su “oración a Dios por Israel, es para salvación” (v.1).Luego el apóstol afirma que los judíos “tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios” (vv. 2, 3).

Luego el apóstol expreza la verdadera función de la ley al decir:

“porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree” (v. 4).

La palabra “fin” es la traducción de la palabra griega τέλος (télos). Según Strong, la raiz de esta palabra griega es τέλλω (tello), que significa “establecer un punto determinado o meta; correctamente, el punto destinado a como un límite” (Diccionario Strong). Según Strong esta palabra se puede traducir como fin (terminación) o el fin (objetivo o propósito).

A.T. Robertson provee un comentario muy interesante sobre el significado de τέλος en Romanos 10:4. Él comenta que “el fin de la ley (τέλος νόμου)” significa que “Cristo le puso un pare a la ley como un medio de salvación (6:14; 9:31; Ef. 2:15; Col. 2:14). Cristo es el objetivo o blanco de la ley (Gál. 3:24). Cristo es el cumplimiento de la ley (Mat. 5:17; Rom. 13:10; 1 Tim. 1:5) {Word Pictures of the New Testament, vol. IV, págs. 387,388}.

Según Kittel, la palabra τέλος (telos) se utiliza en el Nuevo Testamento de cuatro formas diferentes: “lo llevado a cabo o cumplido, el objetivo, el tributo, o un acto de iniciación; aunque este último sentido no ocurre en el Nuevo Testamento (Theological Dictionary of the New Testament, págs. 55,56)

Bauer por su parte afirma que τέλος (telos) significa: fin (terminación), o la parte final, o el objetivo hacia el cual un movimiento es dirigido.

¿Cual de estos posibles significados de τέλος (télos) tuvo el apóstol en mente al escribir este pasaje? La epístola a los Gálatas provee el contrarexto. Veamos:

“De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe” (Gálatas 3:24).

Según el apóstol, el objetivo o propósito de la ley es llevarnos a Cristo. El apóstol no afirma que Cristo abolió la ley, sino, que la ley no es un camino de salvación y que el objetivo principal de la ley es llevarnos a Cristo. Dios introdujo la ley con el objetivo de conducir a su pueblo a Cristo, la única fuente de salvación.

En Romanos 10: 5 el apóstol afirma que los judíos entendieron la justicia de la ley de una manera diferente. Ellos decían: “El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas.” De este modo establecieron su propio camino de salvación a partir de la justificación mediante las obras de la ley. De esta forma establecieron su propia justicia desechando así la justicia de Dios en Cristo.

En este punto, el apóstol afirma que “la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). Y dice: “Esta es la palabra de fe que predicamos” (vers. 8).

El apóstol entonces procede a indicarle a los romanos “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” vv. 9-11).

Finalmente el apóstol dice que “no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (vv. 12,13).

El mensaje de la Biblia es claro.

Por Pr. Rafael Montesinos

Editado: Dido Mysiuk

Bet bnei Tzion IASD Bs. As,. Argentina

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