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Esta é a vida eterna: que te conheçam, o único Elohim verdadeiro, e a Yeshua o Messias, a quem enviaste. JOÃO 17:3
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PREGUNTAS DIVERSAS

PREGUNTAS DIVERSAS

            Mi pregunta es: Primero en Bereshit se describe la creación del hombre, ¿no? Bueno, pues ¿por qué entonces el Eterno hace referencia a que no había hombre que labrara la tierra si ya había hecho anteriormente al hombre. Como siempre, muchas gracias por lo que me puedan ayudar. —Susi

            Lo que sucede es que usted está tratando con dos relatos independientes del mismo suceso. Bereshít 1:1-2:3 es una relato de la creación, y Bereshít 2:4-25 es otro relato. Ambos son relatos independientes, que se relacionan con el mismo suceso pero que no son cronológicamente consecutivos sino más bien paralelos. Una relato aporta datos que faltan en el otro y así se complementan. Nos dicen los eruditos en estas cosas que cuando Moshé fue a escribir el libro de Bereshit utilizó diversos relatos que habían circulado oralmente por generaciones. La Inspiración no le dio las palabras que habría de utilizar sino que lo llevó a compilar relatos de los patriarcas que eran ya tradición en su pueblo. Y así es que surgen las repeticiones, las pequeñas incongruencias y las aparentes contradicciones en los diversos relatos de la Toráh.

¿Es verdad que la palabra “Dios” es de origen pagano? ¿Acaso no es ese el nombre de nuestro Creador?

            Los diccionarios confirman el origen pagano de la palabra DIOS como nombre, aunque no necesariamente como título. En el Nuevo Testamento en griego se ve claramente que los griegos llamaban a su ídolo “DIOS.” (Vea Hechos 14:12,13 Griego). Aunque el griego “díos” es la forma genitiva del nombre Zeus, es decir, significa “de Zeus.”

            El pueblo griego se convirtió al cristianismo en el siglo dos de la Era Común. Después de eso los griegos paganos continuaron adorando a su deidad pagana y lo llamaban DIOS (y Zeus), y los romanos cristianos llamaron también a su deidad Deus, de donde viene DIOS. El español tomó prestado el nombre DIOS de los romanos, quienes lo habían tomado prestado de los griegos paganos. Así DIOS entró en el idioma español a través del latín DEUS. Esto ocurrió en los primeros dos siglos de la Era Común.

            La pregunta ahora es: “¿Cuál era el nombre del Padre Celestial antes del siglo dos de la Era Común? Y ¿cuál es el verdadero nombre del Creador en español?

            Si al Altísimo no se le llamaba DIOS en los tiempos de los profetas bíblicos ni de los apóstoles, ¿cuál era Su Nombre entonces? Si el nombre DIOS nunca se le aplicó al Padre antes del siglo dos de la E. C., ¿cuál era el nombre de la congregación mesiánica en aquellos primeros siglos?

            DIOS no es un nombre. El Todopoderoso declara: “Yo soy Yahwéh, ese es mi nombre.” (Vea Isaiah 42:8, Biblia Católica y Biblia Hebrea). No se satisfaga con un nombre prestado de las deidades paganas. El Padre tiene un solo Nombre; ese Nombre es Yahwéh. (Vea Salmo 83:18 Biblia de Jerusalén). No se satisfaga con un sustituto. Esto en cuanto al uso de “Dios” como si fuera un nombre. Cuando se usa como título, como cuando se dice el Dios de Israel, el caso es diferente pues en este caso no viene a sustituir el Nombre Divino.

            “Y en todo lo que les he dicho sean cuidadosos; y no hagan mención del nombre de otras deidades (hebreo: “elohím,” no “dios”), ni se oiga en sus bocas.” (Éxodo 23:13).

 

¿Qué significa la palabra aleluyah que tanto se oye entre los cristianos?

            Esta es la más antigua de las palabras de alabanza. Se usa tanto en el cielo como en la tierra para adorar al Todopoderoso (Apoc. 19:1-6).

            Haleluyáh es una palabra puramente hebrea y sin embargo se encuentra en casi todos los idiomas de la tierra. La primera parte, “halelú,” significa “alaben.” La última parte, Yah, es el nombre de Aquel a quien hay que alabar.

            Yah es el nombre personal del Padre Celestial. Se encuentra más de 6,800 veces en el idioma original de la Biblia. También la encontramos al final de nombres bíblicos como Eliyáh (Elías), Yirmeyáh (Jeremías), Obadyáh (Abdías), Yeshayáh (Isaías), etc.

            Yah es la forma corta del Nombre Sagrado. La forma completa del Nombre del Padre Celestial es Yahwéh. Este nombre se encuentra en las Escrituras Hebreas, en las Concordancias y Diccionarios Bíblicos, así como en muchos escritos actuales de historia y arqueología. Los judíos tradicionales se abstienen de pronunciar este Nombre Divino por temor de profanarlo; pero en las Escrituras Hebreas se nos insta a conocer, publicar y alabar el Nombre de Yahwéh.

            La palabra “Jehová” se formó por un error de los traductores, alrededor del año 1500 después del Mesías, al mezclar las consonantes de Yahwéh con las vocales de Adonáy. “Jehová” Es una forma errónea del nombre Yahwéh, y no debemos profanar el Nombre del Creador por medio de usar una forma errónea o corrupta.

            Les hacemos a los cristianos una cordial invitación: Pregúntele a su sacerdote o ministro si lo que decimos aquí es correcto o no. Y si le confirma que es correcto (como lo va a hacer si está bien informado), pregúntele entonces por qué él no le enseña esto a su iglesia. Si es porque está engañado le invitamos a que se vuelva y abrace la verdad.

¿Qué se quiere decir con arrepentimiento?

            Los diccionarios Bíblicos definen “arrepentimiento” como un “cambio de actitud,” un “retorno al Creador,” una “vuelta a un estado de gracia.” Se trata pues, de abandonar el pecado, o la condición de tibieza espiritual, y volverse al Todopoderoso para servirle y amarlo.

            ¿Acaso necesita usted arrepentirse de algo? ¿Por qué necesita arrepentirse? ¿Acaso no es usted una persona buena, que no le hace mal a nadie? Al menos eso es lo que usted dice. Pero mire lo que dice el Todopoderoso:

            “No hay un inocente, ni siquiera uno.”  Romanos 3:10-12 (Versión Israelita).

            O sea, que nadie puede decir que está sin pecado y que no necesita arrepentimiento; y menos cuando se está alejado de los caminos divinos de la fe y la redención.

            Si alguien está atado por un vicio, un hábito perjudicial, una manera de pensar torcida, una actitud egoísta, o una condición de pecado de la que no ha podido salir hasta ahora, necesita arrepentimiento. Y le invitamos a que lo haga hoy, antes de que sea tarde.

            Pídale arrepentimiento al Padre Celestial, crea en su Palabra, crea en el Mesías, acepte las condiciones divinas para su vida, confíe en el Padre Eterno y espere Su reino.

            El Padre Eterno le espera con los brazos abiertos para darle perdón completo. Oiga la voz del Rabí de Galilea:

            “Mira que yo estoy a la puerta y llamo; si alguien oye mi voz y abre la puerta, entraré a su casa y cenaré con él, y él conmigo.” (Revelación 3:20 (Versión Israelita).

¿Por qué se habla tanto de Israel en casi todas las iglesias? ¿No pasó de moda ya ese pueblo?

 

Es obvio por los acontecimientos que hemos vivido en las últimas décadas que el pueblo hebreo ha asumido un papel preponderante en la escena mundial. Hay un paralelo de esto en el relato histórico de la Biblia en el caso cuando el pueblo hebreo estuvo esclavizado en Egipto en tiempos del caudillo hebreo Moisés.

Según la historia registrada en los primeros capítulos de Éxodo, el entonces Faraón de Egipto se hallaba alarmado porque se estaba dando un fenómeno nuevo en el país: el pueblo hebreo había crecido tanto que representaba una amenaza para el país. Ya en todas partes se hablaba de los hebreos y de la posibilidad de que se unieran a los enemigos en caso de una  invasión al país de Egipto.

Ese temor llevó al genocidio perpetrado por el Faraón en el que innumerables niños murieron ahogados en el Río Nilo (o Hayor). Pero aquella saña antisemita no detuvo el crecimiento del pueblo hebreo. Finalmente, aquel antiguo pueblo hebreo obtuvo su libertad de la esclavitud, gracias a la intervención del Todopoderoso Yahwéh mediante Moshé. Y tras cuarenta años de vivir como nómadas en el desierto, conquistaron la tierra prometida y establecieron allí una nación en forma, inicialmente, de una anfictionía, dirigida por los Jueces.

La fama del pueblo hebreo en aquel entonces estuvo en su cumbre máxima. Todos los pueblos de la tierra lo conocían y le temían, porque el Poderoso Yahwéh estaba con ellos y les daba la victoria sobre los pueblos enemigos.

Compárece esto con lo que le ha sucedido al pueblo hebreo desde el 1948 para acá. Obviamente hay un paralelo interesante: el pueblo hebreo es actualmente conocido y reconocido por todas las naciones de la tierra; es temido por sus enemigos árabes y amado por sus aliados occidentales.

No hay duda, Israel es la moda. En algunas iglesias cristianas se  pueden escuchar incluso cánticos en el idioma hebreo, y cantos hebreos traducidos a diversos idiomas. Incluso la danza hebrea forma parte ya del culto de algunas iglesias evangélicas. Los símbolos israelitas de la Menoráh y el Escudo de David son ya comunes entres muchos cristianos, quienes los usan hasta en sus templos.

Así que Israel no ha pasado de moda. Al contrario, ahora está más de moda que nunca. Para muchos el identificarse con Israel hoy día es estar en algo. El discípulo hebreo Shaúl (Pablo) dijo que “de ellos [de los israelitas] son los pactos y las promesas…” Todos anhelan las promesas porque implican un privilegio importante, pero pocos desean los pactos porque implican una responsabilidad. Pero si queremos los privilegios es razonable que estemos dispuestos de igual modo a asumir las responsabilidades de la Alianza. Y esto requiere una disposición del corazón a la obediencia. Muchos en todo el mundo están haciendo esto. ¿Por qué no lo hace usted también?

¿A qué se refiere la palabra “Armagedón” en el Apocalipsis?

La palabra en sí es una helenización del  término hebreo “Har Meguidó,” que significa “Monte Meguidó.”  El Monte Meguidó en la tierra de Israel fue escenario de grandes batallas en los tiempos bíblicos y por eso se usa en el el libro de Revelación como símbolo de la gran batalla final entre las fuerzas del bien y las del mal.

Así que “Armagedón,” o más correctamente, “Har Meguidó,” no es el nombre de una batalla sino de un lugar, donde se dice que se reunirán las naciones para la batalla que se llama en el libro de Revelación “la batalla del Poderoso Omnipotente”  [El-Shadáy].

Mucho se ha argumentado si esa batalla ha de entenderse literalmente como una guerra entre naciones, o si por el contrario ha de entenderse en sentido figurado como una lucha espiritual entre el bien y el mal.

De cualquier manera que sea, los hijos del Omnipotente no tienen por qué temer porque estamos del lado de Yahwéh. Los que tienen que preocuparse son los que están del lado del Satán, el Adversario de Yahwéh, pues en la batalla final saldrán derrotadas todas las huestes del mal, y saldrán victoriosos los fieles de Yahwéh, quienesquiera que éstos sean. Los sobrevivientes de esa batalla tendrán la dorada oportunidad de entrar en el Reino Mesiánico que se establecerá en este mundo a la venida del Mesías.

¿Por qué las iglesias cristianas evangélicas no se atienen a la observancia del sábado, siendo que la observancia del domingo es una institución obviamente católica?

Habría que hacerles esa pregunta a las personas aludidas, pero en mi opinión el cristianismo evangélico se halla tan comprometido con unas posturas ideológicas basadas en la tradición que les resulta muy difícil apegarse a las enseñanzas Bíblicas, aunque eso signifique seguir las pautas del catolicismo romano.

El sábado como día de reposo y adoración es uno de los Diez Mandamientos de los que tanto se habla en la cristiandad. Pero en este tema los teólogos de la cristiandad hablan con dos lenguas. Con una dicen que obedecen los Diez mandamientos, y con otra dicen que el cuarto mandamiento está abolido y no hay que observarlo. En lenguaje moderno eso se llama doblez o hipocresía. El sábado es para todas las épocas “el día de reposo de Yahwéh.”

— Yosef Aharoni

 

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