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Esta é a vida eterna: que te conheçam, o único Elohim verdadeiro, e a Yeshua o Messias, a quem enviaste. JOÃO 17:3
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Políticas Sectarias de Extremo Rechazo

Políticas Sectarias de Extremo Rechazo

Intolerancia y extremo rechazo dentro del grupo religioso de “los testigos de Jehová” hacia sus miembros disidentes (exmiembros).

por: Fernando Cano Cobos ayafin-tj@hotmail.com

(Actualizado el 25 de octubre de 2003)

Desgraciadamente, y muy a pesar nuestro, la historia está llena de sucesos que demuestran la sinrazón de la intolerancia religiosa o de otra índole al practicar una política de extremo rechazo. En el nombre de sus “ideales o doctrinas”, diferentes a los enseñados por Jesús, muchos hombres han encontrado razón para calumniar, injuriar, perseguir, torturar o incluso matar a miembros de su religión que en ciertos momentos disentían de esos ideales o doctrinas. Pero lo mas triste y lamentable de todo esto, es cuando esa política se practica “en el nombre de Dios” y en el nombre del “cristianismo.”

En 1483, tres años después de haberse implantado de nuevo la Inquisición en España, fue nombrado inquisidor general Tomás de Torquemada, un fraile dominico que, irónicamente, era de ascendencia judía. Su crueldad para con los sospechosos de herejía (disidentes) no tuvo parangón. El papa Sixto IV lo elogió por haber “encaminado vuestro celo a esas materias que contribuyen a la alabanza de Dios”.

Aunque se trató de diluir su poder mediante nombrar a otros dos inquisidores generales. No sirvió de mucho. Torquemada continuó ejerciendo autoridad absoluta, y durante el tiempo que estuvo de inquisidor, quemó en la hoguera, como mínimo, a dos mil personas… “un horrible holocausto rendido al principio de intolerancia”, según The Encyclopædia Britannica. Miles de personas huyeron al extranjero, y a muchos otros se les encarceló y torturó, y se les confiscaron sus propiedades. Al parecer, Torquemada estaba convencido de que su labor era un servicio a Cristo. En realidad, la doctrina de la Iglesia justificaba sus acciones.

Los métodos de Torquemada ilustran bien las trágicas consecuencias de un celo endurecido por la intolerancia, en vez de atemperado por el amor. Todo esto se hizo “en el nombre de Dios” y en el nombre de la “unidad de la iglesia.” Un ejemplo paradigmático de hasta dónde se puede llegar, cuando la intolerancia ciega y obceca el corazón de los hombres.

Son pocas las personas que tratarían de justificar tal fanatismo, prejuicio e intolerancia que culminara en asesinato. No obstante, bajo ciertas circunstancias la intolerancia sigue teniendo su lugar hoy día, en especial dentro de ciertas organizaciones religiosas que se creen poseedoras de la única verdad y que implantan esa política entre sus miembros, un rechazo al que disiente de los cambios doctrinales que efectúan ó no esta de acuerdo con los actuales dogmas.

Los Testigos de Jehová están entre los grupos religiosos que practican el rechazo de manera extrema a anteriores miembros. De todas las doctrinas de la sociedad Watchtower, quizá sea esta una de las principales que hacen que anteriores miembros se levanten en contra de la organización, lo que ha resultado en denuncias exhaustivas de sus doctrinas defectuosas y de su historia.

Anteriores miembros que rechazan las doctrinas de la organización Watchtower son calificados de “apóstatas.” A los Testigos de Jehová se les enseña que los deben odiar. Un artículo que apareció en La Atalaya 1 de octubre de 1993, intitulado “Escudríñame completamente, oh Dios” , hablando acerca de los “apóstatas”, en la página 19 y empezando en el párrafo 15, leemos:

15 El salmista dijo respecto a ellos: “¿No odio yo a los que te odian intensamente, oh Jehová, y no me dan asco los que se sublevan contra ti? De veras los odio con un odio completo. Han llegado a ser para mí verdaderos enemigos”. (Salmo 139:21, 22.) David aborrecía a esas personas porque odiaban intensamente a Jehová. Los apóstatas están entre los que odian a Jehová y se sublevan contra él. La apostasía es, en realidad, una rebelión contra Jehová. Algunos apóstatas dicen que conocen y sirven a Dios, pero rechazan las enseñanzas y los requisitos de su Palabra. Otros sostienen que creen en la Biblia, pero rechazan la organización de Jehová y procuran activamente estorbar su obra. Cuando escogen a propósito obrar con maldad después de haber conocido lo que es correcto y la maldad está tan arraigada en ellos que es parte inseparable de su modo de ser, entonces el cristiano tiene que odiar (en el sentido bíblico de la palabra) a los que se han apegado inseparablemente a la maldad. Los cristianos verdaderos sienten lo mismo que Jehová siente hacia los apóstatas; no les intrigan las ideas apóstatas. Al contrario, les “dan asco” los que se han convertido en enemigos de Dios, pero dejan que Jehová se encargue de ejecutar venganza. (Job 13:16; Romanos 12:19; 2 Juan 9, 10.)

Un artículo en La Atalaya, del 15 de Noviembre de 1981, en la página 23 bajo el encabezamiento “PARIENTES EXPULSADOS QUE NO VIVEN EN LA CASA DE UNO” dice lo siguente, empezando en el párrafo 18, (vea también la referencia de La Atalaya del 15 de Noviembre de 1988):

18 La segunda situación que es necesario que consideremos tiene que ver con un pariente expulsado o desasociado que no es del círculo familiar inmediato ni está viviendo en el hogar de uno. Esta persona todavía es pariente por consanguinidad o es pariente político, y por eso puede que haya asuntos de familia que a grado limitado necesiten atención. No obstante, no es como si él estuviera viviendo en la misma casa de uno, donde no se pudiera evitar el contacto y la conversación con él. Debemos recordar con claridad la instrucción inspirada de la Biblia: “Cesen de mezclarse en la compañía de cualquiera que llamándose hermano sea fornicador, o avariento . . ., ni siquiera comiendo con tal hombre.” -1 Cor. 5:11.

El propósito de este análisis, es probar que la doctrina de los Testigos de Jehová de rechazar a otros no se adhiere a la Biblia. Más bien, se requiere un entendimiento de las prácticas de las iglesias cristianas del primer siglo en la cultura Judía, para lograr una comprensión de los textos bíblicos envueltos en el asunto.

Para implantar y darle fuerza a tal política, manipulan y tuercen las Escrituras para que los demás miembros del grupo no se acerquen al que disiente y así puedan obtener información que les pueda comprometer, esto, bajo la amenaza de ser expulsados del grupo si alguien se le ocurre hablar con el desasociado, ni tan siquiera saludarlo. De esta manera sus dirigentes implantan esa “política de extremo rechazo” (que se convierte en doctrina) hacia la persona que se desasocia voluntariamente de la organización con lo que eso conlleva, el rechazo a amigos y familiares.

El texto de las escrituras que utilizan para implantar esa “política de extremo rechazo” (doctrina) es 2 Juan 10, 11 donde dice:

“Si alguno viene a ustedes y no trae esta enseñanza, nunca lo reciban en casa ni le digan un saludo. Porque el que le dice un saludo es partícipe en sus obras inicuas”. (Traducción del Nuevo Mundo)

“Si alguno va a vosotros y no os lleva esta doctrina, no lo recibáis en casa ni lo saludéis, pues el que lo saluda se hace solidario de sus malas obras”. (Biblia de Jerusalén)

La pregunta que surge es ¿cuál es la enseñanza o doctrina que un cristiano nunca debería escuchar ni recibir por parte de esas personas?.

EXAMINANDO EL TEXTO Y EL CONTEXTO

El versículo 7 (contexto) dice: “Porque muchos engañadores han salido al mundo, personas que no confiesan a Jesucristo como venido en carne. Este es el engañador y el anticristo”. (T.N.M)

“Han venido al mundo muchos seductores negando que Jesucristo haya venido en carne mortal. Ese es el Seductor y el Anticristo”. (B. J.) .

Como podemos ver en el contexto, la enseñanza o doctrina que no tendríamos que escuchar de esas personas engañadoras es, la negación de Jesucristo y no la negación de enseñanzas y doctrinas -de hombres que se auto proclaman en cuerpo gobernante, vocero de Dios ó conducto de Dios en la tierra- que hoy están en vigor y mañana son cambiadas.

El apóstol Juan, en su primera carta capitulo 2 versículo 22 llama a estas personas anticristos. Dice:

“¿Quién es el mentiroso si no es el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo”. (1 Juan 2:22)

¿Qué otra enseñanza o doctrina, también, dice Juan que no deberíamos escuchar de esos engañadores y anticristos?

El versículo 9 (contexto) dice: “Todo el que se adelanta y no permanece en la enseñanza del Cristo no tiene a Dios. El que sí permanece en esta enseñanza es el que tiene al Padre y también al Hijo”.

¿Cuál es la enseñanza del Cristo?

Jesús cuando estuvo en la tierra vivió y enseño el amor, dijo que sus verdaderos discípulos se conocerían por el amor que se tendrían entre ellos (Juan 13:34, 35; 1 Juan 3:23). Esa enseñanza el apóstol Pablo la identifico como, la ley del Cristo (Galatas 6:2).

En los tiempos de los Apóstoles había cristianos-judaizantes que estaban negando esa enseñanza. Querían que de nuevo se volviera a obedecer la ley de Moisés, obligaban a sus hermanos cristianos a apegarse a dicha ley, ley que el Cristo había clavado en el palo. Al actuar así, negaban la enseñanza o ley del Cristo, la única ley, que los cristianos tenían y tenemos que cumplir a partir de su muerte en sacrificio en la cruz.

Los que se desasocian de esas organizaciones religiosas sectarias por causa de su conciencia no lo hacen por que nieguen al Cristo ni su ley. Seria anticristiano y antibiblico que la cúpula dirigente de esas organizaciones, imponga –bajo amenaza de expulsión- esa “política de extremo rechazo” hacia las personas que desengañadas dejan de pertenecer a esos sistemas religiosos, pero que no han abandonado su fe ni el cristianismo, esforzándose por servir a Dios y vivir como Él desea. Tanta responsabilidad tienen, y tan reprobables son, quienes impone esa política, como aquellos que la siguen y dan su apoyo.

NI LES DIGAN UN SALUDO

A los miembros que pertenecen a la organización de los Testigos de Jehová se les enseña y exige -bajo amenaza y coacción- que cuando se vean cara a cara con un desasociado por la calle, en la panadería, en la consulta del medico, en el banco o en cualquier otro lugar, deben ignorar a la persona y ni siquiera cumplir con las normas de educación y ética más elementales y básicas del ser humano, como es decir simplemente un hola o buenos días.

Esta es otra incorrecta aplicación y una manipulación fragrante del sentido del texto bíblico de 2 Juan 10, 11 donde dice:

“Si alguno viene a ustedes y no trae esta enseñanza, nunca lo reciban en casa ni le digan un saludo. Porque el que le dice un saludo es partícipe en sus obras inicuas”. (Traducción del N. M.)

“Si alguno va a vosotros y no os lleva esta doctrina, no lo recibáis en casa ni lo saludéis, pues el que lo saluda se hace solidario de sus malas obras”. (Biblia de Jerusalén)

Como se puede ver con facilidad, Juan dice: <<si alguno viene a ustedes>>, verdad que no dice: ‘si te lo encuentras por la calle o en la panadería’. También podemos observar que dice: <<nunca lo reciban en casa>>. Esto quiere decir que cuando no debemos de saludarlo es cuando él venga a nuestra casa para intentar convencernos de otra doctrina, y no, cuando lo veamos por la calle o en el supermercado etc.,. El actuar así, es contrario al verdadero espíritu del cristianismo, el AMOR, de educación y de no tener respeto a la dignidad que Dios a concedido a sus criaturas humanas. ¿No demuestran los que actúan así, que bien son ellos los verdaderos apostatas engañadores y anticristos?

La expresión: ‘ni le digan un saludo’ no significa que no se debe decir un simple hola o adiós, ese no era el sentido del saludo en tiempos bíblicos. El saludo al que se refiere aquí el anciano Juan era el mostrar hospitalidad, o sea, recibir a alguien en casa y ofrecerle algún refrigerio, un te, o una comida, etc, etc,. Por eso el texto dice: ‘nunca lo reciban en casa ni le digan un saludo’ ó ‘nunca lo reciban en casa ni le muestren hospitalidad’. A una persona difícilmente se le puede ofrecer hospitalidad en la calle, ¿verdad?. Todos los comentaristas bíblicos consultados indican esto y no como lo enseña la cúpula dirigente de los Testigos de Jehová.

Esta manera de interpretar y manipular las Escrituras, esta causando mucho dolor entre familias y amigos, tanto es así que entre muchos anteriores miembros de los Testigos de Jehová se dice con frecuencia que “no hay manera honorable de dejar la organización.” Para el honor y buen nombre de tantas y tantas personas que por años “derramaron” sus vidas sirviendo a esa organización, ¿no es eso muy triste, sobre todo teniendo en cuenta que muchas de ellas siguen manteniendo su fe en Dios, en su Hijo y en su Palabra? Esta política sectaria “de extremo rechazo” esta muy alejada de lo que es el verdadero cristianismo enseñado por nuestro Señor Jesucristo. Él nos enseñó a amarnos unos a otros, incluso a nuestros enemigos y no a practicar ninguna doctrina “de extremo rechazo”. Lucas 10: 29-37

¿Quiénes eran aquellos anticristos, y que enseñanza querían introducir en la Iglesia? Para comprender esto a cabalidad tenemos que analizar los antecedentes culturales de la época.

EXAMINADO LOS ANTECEDENTES CULTURALES DE LA ÉPOCA EN LA QUE JUAN ESCRIBIÓ SUS CARTAS

Estas cartas se escribieron en relación con una situación puntual fuera de la cual no se puede entender totalmente. Entonces, si queremos comprender lo que el anciano Juan quería transmitir, tenemos antes que tratar de reconstruir la situación que amenazaba aquel tiempo, recordando que se escribieron en Éfeso alrededor del año 100 d.C.

La filosofía contemporánea

¿Cuáles eran la filosofía y el pensamiento contemporáneos con los que los falsos profetas y los maestros equivocados querían armonizar la fe cristiana? Por todo el mundo griego había una tendencia de pensamiento a la que se ha dado el nombre general de gnosticismo. Los gnósticos particularmente despreciaban el cuerpo, que, por ser material era esencialmente malo. El espíritu del hombre estaba prisionero en este cuerpo. El espíritu era una simiente de Dios, que era totalmente buena. Así que la finalidad de la vida debía ser liberar esa semilla celestial prisionera en el cuerpo malo.

¿Quiénes eran estos falsos maestros y que enseñaban? Estos habían estado dentro de la Iglesia, pero se habían separado de ella. <<Salieron de nosotros, pero no eran de los nuestros>> (1 Juan 2:19). Eran personas influyentes, porque pretendían ser profetas: <<Muchos falsos profetas han salido por el mundo>> (1 Juan 4:1). Aunque habían salido de la Iglesia, todavía trataban de diseminar sus enseñanzas dentro de ella y de desviar a sus miembros de la verdadera fe (1 Juan 2:26).

Negaban que Jesús fuera el Mesías (1 Juan 2:22). Es muy probable que estos no fueran gnósticos puros, sino judíos conversos. Estos habían tenido las cosas difíciles; pero los últimos sucesos históricos se las hacían doblemente difíciles. Le era muy difícil a un judío llegar a creer en un Mesías crucificado. Aunque la esperanza de los cristianos de que Jesús volvería pronto para vindicar a Su pueblo los mantuvo sus corazones expectantes. Y entonces, en el años 70 d.C., Jerusalén fue capturada por los romanos, y su Santo Templo completamente destruido. En vista de eso, ¿cómo podía un judío aceptar fácilmente la esperanza de que Jesús vendría para salvar a Su pueblo? La Ciudad Santa estaba desolada; los judíos estaban exiliados por todo el mundo. A la vista de todo esto, ¿cómo podría ser verdad que hubiera venido un Mesías?

Había otra cosa aun mas seria. Había una enseñanza falsa que procedía directamente de un intento surgido en el interior de la Iglesia de poner el Cristianismo en armonía con el gnosticismo. Recordemos que la filosofía gnóstica era que solo el espíritu era bueno, y la materia era completamente mala. Dado ese punto de vista, cualquier encarnación real era imposible.

Esta claro que los falsos maestros contra los que Juan escribió sus cartas negaban la realidad de la Encarnación y del cuerpo físico de Jesús. <<Todo espíritu –escribe Juan- que confiese que Jesús ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiese a Jesús, no es de Dios>> (1 Juan 4:2).

A esta filosofía en su forma mas radical y total se le llamaba docetismo, que Goodspeed sugería que se podría traducir por Seemism –en ingles, que en español seria parecismo. El verbo griego dokien quiere decir parecer; y los docetistas enseñaban que Jesús solamente parecía tener un cuerpo. Insistían en que era un Ser puramente espiritual que no tenia sino la apariencia de un cuerpo. La forma mas simple del docetismo era la total negación de que Jesús tuviera nunca un cuerpo físico.

También había una variante de esa teoría, mas sutil y tal vez mas peligrosa, conectada con el nombre de Cerinto. Según la tradición, Juan y Cerinto eran enemigos acérrimos. Eusebio (Historia Eclesiástica 4:14.6) transmite una historia que nos cuenta que una vez fue Juan a los baños públicos de Efeso, y cuando vio que estaba allí Cerinto se negó hasta a entrar en el edificio. <<¡Huyamos –exclamo-, no sea que se hundan loa baños, porque Cerinto, el enemigo de la verdad, esta dentro!>> Cerinto trazaba una distinción definida entre el Jesús humano y el Cristo divino. Decía que Jesús era un hombre nacido de la manera natural.

Además, este gnosticismo desembocaba en una actitud hacia las personas que producía la destrucción de la comunión cristiana. Ya hemos visto que los gnósticos aspiraban a la liberación del espíritu de la prisión del cuerpo malo mediante un conocimiento elaborado y esotérico. Está claro que tal conocimiento no era para todo el mundo. La gente ordinaria estaba demasiado involucrada en la vida diaria y el trabajo del mundo para tener tiempo para la disciplina y el estudio necesarios; y, aunque hubieran tenido tiempo, muchos eran intelectualmente incapaces de captar las especulaciones implicadas en la llamada teosofía y filosofía gnóstica.

Esto producía un resultado inevitable. Dividía a las personas en dos clases: los que eran capaces de una vida realmente espiritual, y 10 que no. Los gnósticos daban nombre a estas dos clases de personas. Los antiguos dividían generalmente el ser del hombre en tres partes. Estaba el sôma, el cuerpo, -la parte física de la persona. Estaba la psyjê, que solemos traducir por alma, pero debemos tener cuidado, porque no quiere decir lo que solemos entender por el alma. Para los griegos la psyjê era el principio de la vida física. Todo lo que tiene vida física tiene psyjê. Psyjê era ese principio vital que el ser humano tiene en común con todos los seres vivos. Estaba el pneuma, el espíritu, y era el espíritu la parte que sólo el ser humano poseía, y que le hacía semejante a Dios.

La finalidad del gnosticismo era liberar el pneuma del sôma,’ pero esa liberación no se podía alcanzar nada más que tras un largo y arduo estudio que solamente podían emprender los intelectuales ociosos. Los gnósticos por tanto dividían a las personas en dos categorías: los psyjikoi, que no podían nunca sobrepasar el principio de la vida física ni alcanzar ninguna otra cosa que lo que para todos los sentidos y propósitos era la vida animal. Y los pneumatikoi, que eran los verdaderamente espirituales y verdaderamente semejantes a Dios.

El resultado estaba claro: los gnósticos producían una aristocracia espiritual que miraba por encima del hombro y aun aborrecía a los hombres inferiores. Los pneumatikoi consideraban a los psyjikoi como despreciables criaturas terrenales que no podrían nunca saber lo que era la verdadera religión. La consecuencia era obviamente la aniquilación de la comunión cristiana. Por eso Juan insiste en toda su carta en que la verdadera prueba del Cristianismo es el amor a los hermanos. Si andamos de veras en la luz, tenemos comunión entre nosotros (1:7). El que dice que está en la luz y aborrece a su hermano, está de hecho en las tinieblas (2:9-11). La prueba de que hemos pasado de las tinieblas a la luz es que amamos a los hermanos (3:14-17). Las marcas del Cristianismo son la fe en Cristo y el amor a los hermanos (3:23). Dios es amor, y el que no ama no conoce a Dios en absoluto (4:7s). Porque Dios nos ha amado, nosotros debemos amarnos unos a otros; es cuando nos amamos unos a otros cuando Dios mora en nosotros (4:10-12). El mandamiento es que el que ame a Dios debe también amar a su hermano, y el que diga que ama a Dios aborreciendo al mismo tiempo a su hermano es un mentiroso (4:20s). Los gnósticos, para decirlo bien a las claras, habrían dicho que la cualidad distintiva de la verdadera religión es el desprecio a la gente ordinaria. Juan insiste en todos los capítulos en que la cualidad distintiva de la verdadera religión es el amor a todos.

Aquí, pues, tenemos una descripción de estos herejes gnósticos. Hablaban de ser nacidos de Dios, de andar en la luz, de no tener pecado, de morar en Dios y de conocer a Dios. Estos eran sus lemas. No se proponían destruir la Iglesia y la fe; lo que pretendían era limpiar la Iglesia de la escoria y convertir el Cristianismo en una filosofía intelectualmente respetable, apta para mantenerse al lado de los grandes sistemas del día.

Pero la consecuencia de esta enseñanza era negar la Encarnación, eliminar la ética cristiana y hacer imposible la comunión dentro de la Iglesia. No debe sorprendernos que Juan, con una devoción pastoral tan ferviente, tratara de defender un ataque tan insidioso que le venia a las iglesias que amaba desde dentro de ellas. Esta era una amenaza mucho mas peligrosa que cualquier persecución pagana; lo que estaba en peligro era la misma existencia de la fe cristiana.

Nota: Este artículo procede de “Ekklesia 7 Congregaciones”.

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por: Fernando Cano Cobos ayafin-tj@hotmail.com

(Actualizado el 25 de octubre de 2003)

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